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Ahumada con Agustinas

7
La Paty, otra amiga.

Sábado, feriado judicial, sábado es igual a cero documentos. Andrea se ha planteado el rescate de la Paty, “otra amiga”. Su amiga, su hijo, su vida presente de separada y su pasado glorioso en la cordillera ecológica del gran Santiago, entre miles de hectáreas de pasto, lechugas, castaños, parras, piscinas, aves, silencio, intelectuales vecinos y guardias de seguridad.

Andrea sabe que en promedio una chilena tiene solo tres amigas, que ella está por encima de ésa media y, por eso, desde su separación es una persona equilibrada. Sabe además que los sábados tienen que ser especiales, hay que inventárselos y dominar el tedio, nadie puede escapar de la paranoia colectiva a partir del viernes. Es bien temprano y el Estero calmado es una charca grande que invita a salir de la ciudad jardín. Habrá miles de descripciones para el Marga-Marga, pero sin dudas la experiencia de cada habitante de Viña es una cuestión geográfica. La Paty arrienda en Avenida Marina un departamento cuya terraza y sala continúan en un mármol negro de agua. Separados solo por una calle el edificio neoclásico toma un protagonismo despampanante. A metros, atravesando el puente está el Casino. Abierto todo el día para las apuestas de los adictos residentes del barrio que piensan que se escabullen como turistas por la puerta principal evadiendo el pago de entrada y saludando a sus empleados cordialmente; los empleados excelentemente capacitados, también sonríen y simulan cercanía y complicidad con estos habitué que corren como niños en puntitas de pies hacia las máquinas milagrosas de neón bajo el efecto de la adrenalina, matemáticamente calculados, los saludos, el piso con paños verdes y el recibimiento con líquidos refrescantes, conforman un grato y acogedor ambiente. « Yo estoy haciendo el aseo, miro la hora de buscar a mi hija al colegio y parto. Solo llevo dos mil pesos, no más ¡y siempre voy con la misma máquina! Me la señaló un guardia súperpiolita y ahí saco dieciséis mil pesos más o menos. No más porque... se transforma en un vicio» Eso dijo La Paty, Andrea aceleró a ciento cuarenta kilómetros por hora. «Vives contra toda lógica, creo que estás más loca que una cabra» Y estaba en lo cierto. Hay mujeres que cargan con una separación y su vida se transforma, a la Paty, además le pusieron un incendio devastador en el camino. Su vida es contra toda lógica, y su relación con el Estero está en sintonía con esta forma particular de sobrevivencia nómada. Está el miedo de aquella noche cuando se topó con los chiguás en uno de sus puentes. Toparse con estos intrusos habitantes, que se han tomado partes de la ciudad cobrándole peaje a los que transitan de noche, es cosa de respeto. Zamarreada varias veces, tuvo que hacer de tonta, entregar su cartera, la plata, el celular, apretar cachete y partir. Todo lo lentamente rápido que le permitió su corpulento cuerpo. Luego, a fin de evitar ciertas amenazas y no experimentar la fría flotación decúbito abdominal en una orilla del mar, ella resolvió con una originalidad precipitada el tema de su seguridad. Un guarda espaldas, la protege por diez centavos de dólar. Él la vigila cuando se baja de la micro y la cuida hasta el departamento cuándo él, está en el puente. En la mañana y en la tarde este piojo urbano desaparece, «Mamita, mamita, yo la cuido» Le dice. « Mamita, cuando se le acerquen, apriete ahí no más» Le señala la vena aorta. « Apriete no más mamita y corra». Jura que no encontró otra salida, Andrea, le cree, su amiga está entrampada, aún así, le sobra temple. Para colmo de males, el callejón del “familiar” está muy cerca de su casa, el polvo del oro se esfumó y a orillas del Marga Marga, los siglos han traído otro polvo, en esta calle hay una sordera colectiva, no hay luz eléctrica nocturna ni intrusas cámaras de seguridad, su amiga pide al cielo la presencia de Batman. Los chiguás saben que los vecinos se han enquistado, reinan y administran en el callejón del “familiar”. Desprecian.


Por eso, de vez en cuando, Andrea Javiera, rescata a su amiga para que se ventile.
- Amiga, estamos llegando a Ventana.
- ¿Y?
- ¡Aire Paty! ¡Aire!

La Paty es una amiga cruel, a veces. “Ventana”. Sabe perfectamente que Ventana es también el lugar donde Andrea veraneaba con Rodrigo en septiembre. Cada primavera de septiembre en Ventana, se resume en campo, mar y en bosques retoñados de eucaliptos. Es un pueblo que coquetea con la industria, se resisten a perder su turismo, pero coquetean, dicen que no les queda otra, que este es el milenio del combustible y Ventana está para eso, para refinar y contaminar, solo que tienes que saber el camino del bosque para disfrutarla a plenitud.
«Pasas pisando suave para no espantar a las codornices, arrancas varias hojas de los retoños y los frotas duro con las manos, luego, respiras» El olor de las hojas de eucaliptos maceradas en las manos de Rodrigo y al fondo el mar, regresaron con ellas en la tarde del domingo, la hija de la Paty un siete. Ochenta kilómetros por hora. Andrea llega satisfecha, la Paty respiró.

Vienen muchos muertos…




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Dedicado a Patricia Segura, solo porque usé su nombre, mi amiga inventora de cuentos por montones y excelente artista plástica. Para que sigas escribiendo Paty, con mucho cariño y embullate a bailar.

"Bosque de Eucaliptos retoñados", Ventana, V Región Valparaiso. Archivo "PM-p".


"Ventana", V Región de Valparaíso, Chile. Archivo "PM-p".


Posted by PicasaCaballos de Olmué, Comuna de la V Región, Valparaiso, Chile. Foto Archivo "PM-p".

Ahumada con Agustinas

6
La tarde transcurrió sin contratiempos, las luces de la oficina se han encendido. Hora de partir- se dijo. Han pasado meses desde su separación, Andrea Javiera se preguntaba si seria la misma soledad la que enfrentaba Rodrigo cuando ella se iba por las lucas a regiones y recordó la conversación con su madre.
«Vendrán años trágicos, lo presiento, lo he visto antes».
Hablar temprano en la mañana casi todos los días, se había hecho costumbre entre las dos. Madre e hija unidas en el intento de retomar la vida normal de Andrea, superar la tristeza, la pena y los recuerdos de la pérdida de su embarazo planificado. Su madre también le había recordado seguir el método de las decisiones importantes. La ducha le sacó el cansancio. Se sentó en la cama. Tomó una hoja en blanco y la dividió en dos columnas. Comenzó a escribir. Primera palabra: Fortalezas. Es una caligrafía inclinada y un trazo ilegible, una mano sin fuerzas se duerme mientras escribe, la mente se resiste a esas horas de la noche, el trabajo fue intenso. Absolutamente cansada.

Esperaba que sucediera cuando antes, que Rodrigo sintiera ésa sensación de pérdida y regresara a casa. Hay una imagen de la Virgen del Carmen en su pieza, la ha puesto su madre junto al velador, un crucifijo la engalana y parece que la mira. Frente un óleo, son cuatro caballos de Olmué que pastan tranquilamente en una parcela de agrado. En realidad son cinco, hay un caballo detrás que está maldito, lo montó Andrea en unas vacaciones y la tiró al suelo, lo montó Rodrigo y se desbocó, cuando tomaron la foto pastaba detrás de un caballo blanco y no se ve completamente en el óleo que encargaron, pero todos en la familia saben que detrás del caballo blanco, hay una sombra, un caballo cerrero que parece manso cuando está quieto y que es gris plateado cuando suda, la crim le cae sobre los ojos que miran fijo cuando alguien se tienta. ¡Maldito!, ¡Maldito!, ¡Ese caballo está maldito! le gritó Rodrigo un día enfurecido, el óleo voló por los aires y nunca más hasta ahora, regresó a la pieza, su madre lo trajo una mañana y cuando Andrea lo vio ambas sonrieron. Lo devolvió a su lugar y en una complicidad grandiosa el diálogo se hizo un abrazo:

-No quiero que mi hija pierda los bríos.
-Ni bríos ni riendas mamá.

Cada vez que llega la noche la imagen queda callada y es la virgen quien custodia su sueño, el sol cuando amanece, pasa por el lienzo y el pasto pareciera estar lleno de rocío.




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Ahumada con Agustinas

5

La hija de Marcia del Pilar Valenzuela, supo que su madre había fallecido cuando la llamaron por teléfono del Hospital en medio de la noche. No lo había entendido bien, la enfermera que habló, apenas explicó razones, no obstante, la noticia se esperaba desde hacía meses a partir del ingreso doloroso. Colgó el teléfono, marcó el número de su tía Georgina en el extranjero y al mes de haberle dado digna sepultura en un acto privado, sin sermones, con unos pocos familiares y una niebla fría y densa que se colaba por los oídos, habiéndola dejado en el jardín de los recuerdos, rodeada de flores y lejos de las divagaciones. Se había dispuesto seguir las indicaciones de su madre.

Andrea Javiera, casada con Rodrigo Nicolás el médico jefe de la Sala de Enfermos Terminales, había sido recomendada por alguien del hospital. Llegado el momento, Marcita sabía que ésa persona con quien se había cruzado varias veces en las afueras del centro hospitalario pasando inadvertida, sería la abogada de confianza para su trámite. Efectivamente, encaminados los trámites de la venta, su intuición se revelaba salvadora. Marcia recibió el llamado de su abogada y en medio de un halo paternalista que hasta le pareció extraño en ella, Andrea Javiera se desdobló para contarle a su clienta, en un par de minutos, un acontecimiento significativo en la juventud de su madre. Marcia del Pilar Valenzuela, la hija menor de cuatro hermanos criados en la próspera y tradicional vecindad de Recreo de los años cincuenta, a los dieciocho años cumplidos y por orden de su padre, guardián y custodio de las buenas costumbres, el orden público y la honorabilidad de la familia, parió a su primogénito con amor y a escondidas. En medio de la noche la misma matrona que la ayudó con sus pujos y le permitió un delicado beso en la mejilla del recién nacido, salió por la puerta de su casa, llevando a José Manuel envuelto en una manta a los pocos minutos de su nacimiento. Un hijo ilegítimo, no reconocido, sin derechos, partió como un bulto en una cesta de pasteles y andaría por cincuenta y cuatro años lejos de su madre que ahora, lo acogía en su testamento. Marcia quedó muda, Andrea intentó explicarle detenidamente, la heredera, al otro lado de la línea no respondía, una tos, una tos persistente y un sonido insólito como de rabia, cortaron la conversación. Absorta en el significado de la palabra remordimiento y en sus consecuencias, encargó unas copias a su secretaria y siguió en su rutina de escritos y llamadas a otros clientes.



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Ahumada con Agustinas

4

La casa de Marcia del Pilar Valenzuela, en Viña del Mar, la encontró extremadamente abandonada, un cartel con letras rojas y negras anuncia su venta, el color melón de sus murallas ya no la distinguen del resto como antes, la buena casona, reposa cansada a mitad de cuadra y no luce nada distinguida, desde la esquina sobresale la cúpula con las ventanas altas para la luz y los aires marinos de Recreo; vidrios rotos, caídos o partidos por los temblores, vidrios opacos de mugre y sal. Las bugambilias se han apropiado de los muros divisorios del patio, los han deteriorado tanto que están a punto de caerse. Geranio sobre geranio, rosa sobre rosa, botones y retoños secos, pensamientos, margaritas, todo muerto. Los árboles de naranja en medio del patio sobreviven a duras penas. Todo el interior de la casa tiene piso, ventanales y puertas de maderas preciosas traídas del sur de Chile «quien compre tendrá que pulir no más» así dijo la hija de Marcia del Pilar mientras le mostraba la casa a Andrea, su abogada y era cierto, en parte. Recorrieron todo el inmueble y la heredera no paró de hablar contándole de sus veranos, de los primos y los parientes de Santiago que llegaban cada septiembre en tren a Valparaíso hasta que ocurrió el gran accidente. El salón de la derecha era el de las visitas, a la izquierda un comedor gigante y detrás la cocina, un corredor horizontal abarca el fondo de la casa de lado a lado y un patio con otros espacios a un costado de la casa principal, terminan ocupando los cuatrocientos metros cuadrados del terreno, todo era amplio y cada mueble olía a nostalgia. Según la hija de la difunta Marcia del Pilar, cuando su tío trajo de Italia las primeras cortinas con letras y números dorados sobre un fondo azul, todos quedaron fascinados, especialmente su madre, que se sentaba al pie de la ventana para hojear sus revistas de costura y recetas de cocina cada tarde debajo de las telas, ella no lo vivió pero lo contaban siempre en los almuerzos. Allí su madre se casó, allí tuvo su primera-segunda hija que ahora se había detenido para preguntar si alguien, en medio de la crisis inmobiliaria le daría tanta plata como pide por ésa, su casa de toda la vida. Andrea Javiera, no escuchaba las historias, simplemente no se explicaba, cuando justamente en la vida de esta difunta mujer se acabaron los ingresos y fue directamente a la Sala de Enfermos Terminales en la Asistencia Pública.

-¿Y cuándo cree usted que este todo el trámite de mi mamita?. Le preguntó la hija de Marcia del Pilar Valenzuela. Una mujercita bajita y ágil que se había desplazado por toda la casa como si pudiera recorrerla a ojos tapados de memoria. Trasmitía señales de confiabilidad, sin embargo, Andrea que la fue estudiando detenidamente mientras le habló, tuvo una duda y al tiro, como dicen y hacen los chilenos, le preguntó.
-Dígame una cosa Marcita, ¿Ud. Cobraba la chequera de Doña Marcia?
Le rondaba la idea de algún pariente pródigo en esta familia, la misma hija La Marcita, así tan ordenada, no quedaba excluida en sus pensamientos.
-Sí poh. Le contestó la hija. Yo siempre me encargué de los trámites de mi mami, desde antes de caer ella enferma, mire usted - agregó.
-En cuanto tengamos los documentos necesarios, yo le aviso todo lo que resulte del Juzgado y le vuelvo a explicar, quédese tranquila que yo la llamo. Nada de corredores que yo me encargo de todo. ¿Me entendió Marcita?
-Si poh. Le volvió a contestar “La Marcita”, su clienta.

Andrea Javiera, comprendió que cada día se acostumbraba más a su vida en Valparaíso ya, hasta hablaba como ellos, todo en Valparaíso era lento comparado con Santiago, sin embargo, la audiencia en la mañana había sido excepcionalmente rápida y una ejecutiva de la inmobiliaria no demoró más de dos días en comunicarse para esta venta de Recreo, la propuesta del cliente era interesante, así y todo, le cargaban las inmobiliarias y sus ejecutivos del dos porciento. La casona de dos pisos le habló por si sola de su majestuosidad, del precio se ocuparía luego, algo sabía de restauraciones, además estaba el mobiliario, venderla a través de su estudio sería más que provechoso, si todo salía bien haría personalmente los trámites con el comprador. No importaba si tendría que hacerlo después de otro día como ese, ajetreado, a fin de cuentas ésa era la pega y el verano con sus gastos, a veces, apura, además alguien del gobierno había dicho en la tele que como iban los precios del petróleo, habría que apretar los dientes, eso escuchó y cuando lo dicen del gobierno, toda pega ¡bienvenida sea!.

Llegó a su estudio jurídico agotada, sus tacones de seis centímetros siempre resultaban inapropiados para estos trámites. Está más fresca la temperatura de su oficina, el horario de almuerzo pasó, inadvertido como siempre desde que no está Rodrigo. Un tesito con sacarina, y un instante de descanso, de postre el celular apagado sobre el buró.

Un pensamiento, una constante desde que tomó este caso y presentó la demanda en el Tribunal.

«El tiempo de amar nunca pasa, cómo exprimirlo es lo difícil, cómo apartar los sufrimientos de nuestra vida, es lo problemático y sobre todo, saber que puede que tengamos tiempo para todo pero que a, veces, los días nos pesan como años, matemáticamente ¿debería tener solución?. Mi computador ya no da más, tengo las tildes en el sentido contrario y todas las palabras acentuadas me salen con errores, hacer un párrafo me lleva minutos, por suerte, tengo letra ñ. Me pregunto, será torpe o ignorante la hija de Marcia del Pilar, tres meses de trámites y aún no acaba de entender que posiblemente no sea la única heredera... veremos. Uy, tengo sed de ananai... ¿de dónde habrá sacado ésa palabra mi amigo? mi amigo y su sindicato gay...¡cuántas palabras inventadas!, ¡cuántos secretos innecesarios!»



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Ahumada con Agustinas

Estero Marga-Marga,vista aérea. Archivo Histórico Patrimonial Viña del Mar.
3

Registró el departamento, los libros de Rodrigo no estaban, su parte del closet vacía, sus zapatillas deportivas, la salida de cancha, ni rastro en el lugar de siempre detrás de la puerta del baño con aquel semirepugnante olor a sal, a puesto, a sudado de tanto ejercicio. Ni siquiera la pesa, ni su música. La foto de su cómoda boca abajo y el reloj que tanto le molestaba en las mañanas no lo escucharía más, allí estaba en el basurero; como médico al fin, hasta se dio tiempo para votar medicamentos y muestras vencidas, el resto, las cosas de ella, impecablemente organizadas por él en su espacio de siempre. Su estómago no soportó la leche ni lo tragado en el día, ni antes del día, ni antes de antes del día anterior y todo lo atragantado por meses y años salió disparado al agua limpia del sanitario, sus conductos de boca y nariz se hicieron irritantemente ácidos. Las palabras, los reproches y una sensación de vacío inextinguible, estremecieron su cuerpo. Desazón.

La cama le pareció inmensa y extraña, a solas sin su marido, en una soledad premeditada, planificada y vengativa. Algo de esta sensación le habían contado Ana Doris y Emily, sus dos amigas separadas.

« ¿Cuántas calorías perderá una persona que se divorcia? »

Se preguntó, apagando la lucecita de su velador.

«Rodrigo está mirando mucha tele últimamente, esperó que estuviera en mi trabajo, agua.. agua.. una toalla de agua fría con perejil es lo que tengo que ponerme en el rostro en cuanto me levante mañana…¡concha de su m…!»

«Duérmete Andrea Javiera, duerme tranquila, todo bajo control. Mente, mente, el arma poderosa …»

Un rezo.

«Señor, yo cuidaré mi mente como una planta, día a día la regaré con palabras de amor, con sentimientos puros, caricias y hasta besos, sé que es una máquina productora de felicidad, no quiero alimentarla con celos, mezquindades o resentimientos, acumulando un superávit de frustraciones, Señor cuida mi cuerpo de la desventura y del malestar físico que se reflejará en mi rostro mañana en la Audiencia, compañero de viaje, ayúdame en el día que será mañana y los siguientes, ayúdame a no rabiar».

Su cuerpo liviano, se rindió. Afuera, todavía hay gente atravesando el Marga Marga.




Posted by Picasa V Región de Chile, al sur del mundo en "Ahumadas con Agustinas".
Archivo "PM-p"

Ahumada con Agustinas


2

Tuvo la impresión de escuchar su nombre saliendo del elevador, como siempre, no eran más que suposiciones, nunca llegaron a visitarlos tarde y tampoco tenían por costumbre recibir amistades en casa. El trabajo con los viejos colegas le había incorporado el hábito de conversar preferiblemente en un café, si es pagado por el cliente mejor, lo tenía bien aprendido y así transitaba sin contratiempos en la mitad de su joven vida. Parientes lejos todos, amigos pocos, contados con los dedos de las manos. Dejó los primeros apuntes de un escrito sobre un cerro de libros y cuadernos en la mesa, apagó su computador, el calor era extenuante y mientras alguien impertinente le habla al teléfono, pasa las manos por su mata de pelo crespo deseosa de cortarlo; tumbarse en la cama para retomar la historia que pasó ante ella contada por una niña de cuarto medio, testigo de su nuevo caso, hubiera sido el final de su ajetreado día. Recordó que en la oficina le habían entregado un sobre de Rodrigo, un sobre que dejó para leer en la intimidad de su living. 10:54 de la noche, es la hora coca-cola desde lo alto de un edificio en Viña del Mar, el Marga Marga luce tranquilo desde el piso once de su departamento arrendado en el número 662 de Calle Libertad mirando a pleno centro, coincidentemente “662” es el nombre de una reconocida Productora Cinematográfica Cubana que llamó su atención en you tube. El estero, plagado de esa planta verde que crece y crece y que solo una mujer anónima podría atreverse a sacarla de raíz, acompañada de un bote movido por su marido cada verano por una mísera pero más que honrada retribución municipal, a trozos, insita y calma desde lo alto. Andrea, una joven abogada de 33 años, de aspecto gallego fuera de lo común en tierras que fueron territorio de Indias donde el abdomen retiene para invierno y no cautiva en mayoría, intenta concentrarse en el sobre bebiendo un vaso de leche fría, recostada sobre el sofá regalo de matrimonio de sus padres, envuelta en una diminuta y fina tela satinada, en una imagen de mujer sensual, opuesta totalmente a la profesional que se fabrica cada mañana, con tacones de ocho centímetros, maquillaje exagerado, atareada detrás de unos lentes ultramodernos. De fondo, el ruido del televisor encendido; lee la nota.
Rodrigo se ha ido a Santiago. Ahora … exagera en su manía del celular apagado.
- Será para siempre –se dijo.
Reventó a llorar.



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Ahumada con Agustinas

Es la historia de un período en la vida de Andrea Javiera, una joven abogada chilena de 33 años, residente en Valparaíso. En un sencillo trámite de filiación que inicia a partir de la muerte de unas de sus clientas, se produce un descubrimiento. Su olfato legal la encamina entonces en busca de una millonaria indemnización. Sus sueños son los de cualquier profesional de clase media: contratar su hipoteca y pagarla a corto plazo, tener hijos con Rodrigo, su marido, viajar, todo eso podría cumplirse de resultar como lo tiene planificado, pero el caso llega a la prensa y ya sabemos del morbo en estos medios, veremos la repercusión en la vida de Andrea. No sé si pueda plasmar toda su pasión profesional y resolver acertadamente las contradicciones de ella en tratar de encontrar una alternativa ética y al mismo tiempo ventajosa en términos económicos. Es santiaguina y aunque es joven, sabe de oportunidades en la vida. Reside en Valparaíso y lucha por adaptarse a esa ciudad sin smog. En las calles de Ahumadas con Agustinas, dos calles que se cruzan en el Centro de Santiago de Chile, vuelve a producirse un hecho significativo en su vida y, es por eso, que es el lugar que da título a este proyecto.
Es un cuento de ficción, una locura, una mediocridad, un invento, la escribo porque sí, no hay nada terminado y el que quiera aparecer de personaje me escribe, me cuenta y de ahí vemos como encaja en la historia que no será muy larga.
Me faltan mil novelas por leer, mil autores por conocer y tengo errores de redacción que espero no lleguen a mil. No les pido clemencia, tal vez, para algún personaje.


"Ahumada con Agustinas"
Noviembre, viernes, once y media de la noche, año 2003, Anita Burgos con sus 16 años, se encuentra en el dormitorio de su casa tapada de pies a cabeza sin ver nada. Noviembre, viernes, once y media de la noche, año 2003, al extremo, en otro cerro poblado en lo que antes fuera un bosque de frondosas coníferas, han instalado algunas viviendas de madera, Lorena Vargas con sus 15 años, se encuentra vestida con su uniforme escolar, dejando una nota de despedida. Tarde noche en Valparaíso, casa del matrimonio Burgos, una bandada de pájaros, al parecer gaviotas, se tiran en avalancha contra el techo de la casa haciendo sonar las latas, luego bajan en dirección al mar y vuelan haciendo ruido. Tarde noche, casa de la familia Vargas, nadie pudo escuchar las noticias de las alturas de las olas en el borde costero porque estaban bebiendo a conchos, la música no dejaba dormir a los vecinos, desorden total. Vuelve el día, Carabineros y la Brigada de Homicidios trabajan en dos casos, las familias Bustos y Vargas, están a la espera de los informes de autopsia.

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continuará...

1

Sonido callejero: El joven del acordeón. Muelle Vergara.